La Cátedra Libre de Pueblos Originarios de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF) expresa su más sentido pesar ante el fallecimiento de Cristina Calderón Harban, un emblema de la resistencia del pueblo yagan. En su memoria, guardaba conocimientos y experiencias que supo transmitir a las nuevas generaciones, a quienes dejó un vasto legado de saberes ancestrales.
Cristina Calderón nació en Róbalo, isla Navarino, la tormentosa noche del 24 de mayo de 1928. Sus padres fueron Akacexanincis –Juan Calderón– y Lanixweliskipa –Carmen Harban–, quienes pertenecieron a la última generación que pasó por el Chiejaus, tal y como lo practicaron sus ancestros. La trayectoria de Cristina estuvo signada por el dolor; huérfana a los seis años, emprendió una lucha por sobrevivir en una trama de violencia y etnocidio propiciados por el colonialismo y el arribo de las autoridades militares chilenas.
Sus primeros años de vida y su juventud transcurrieron navegando en botes a remo y vela por los canales australes. En ese entonces, los yaganes ya habían sido incorporados como peones en las estancias argentinas y chilenas. Entonces, en los tiempos de esquila solía frecuentar Remolino, Róbalo y Harberton, mientras que el invierno acontecía en bahía Mejillones, el territorio de reunión más importante para el pueblo yagan a lo largo de la primera mitad del siglo XX.
En su libro Memorias de mi abuela yagan (2016), su nieta Cristina Zárraga explica que la infancia de su abuela transcurrió en una época de profundos cambios. Hasta sus nueve años, Cristina Calderón hablaba solamente su lengua materna. Sin embargo, las enfermedades pulmonares arrasaron con las vidas de jóvenes y niños/as, y la discriminación condujo a que muchas mujeres cesen en el traspaso intergeneracional de la lengua y los saberes indígenas. Pese a esto, este libro expresa la resistencia del pueblo yagan a las políticas de asimilación etnocidas y, al mismo tiempo, el largo camino que emprenden las nuevas generaciones para retomar las huellas de sus antepasados.
A lo largo del siglo XX, y a causa de las restricciones y leyes que fueron impuestas por los Estados nacionales, los yaganes fueron privados de la libertad de habitar en sus propios territorios, de conducir sus embarcaciones por los canales y de retornar a sus territorios, muchos de ellos expropiados y cedidos en arrendamiento. Tal es el caso de Mejillones, ocupado por la Armada chilena a principios de la década del setenta, y cedido posteriormente a particulares. Cristina Calderón y su familia fueron protagonistas en la lucha por la recuperación de Mejillones desde la década del veinte y, a la fecha, es considerado como territorio yagan.
Acompañamos a sus familiares, a sus seres queridos y a todo el pueblo yagan en este difícil momento.
"Un día le pregunté a mi abuela si ella era la última Yagán, ‘Claro que no’, me respondió, ‘no soy la única ni la última’”.